Diez singles para Lady Madeleine.
I
10 de Marzo.
Yesterday
All my troubles seemed so far away
Pensar que cuando pasé frente a la iglesia, ayer, envuelto en mi abrigo negro con las manos en los bolsillos y la mirada en el piso, pensé que nada tenía que ver conmigo. Pensé que Madeleine aún vivía y volvería algún día, antes de que cayera la nieve por tercera vez. Pensé, cuando la mujer salió corriendo de la iglesia y tomó mi brazo, que necesitaba un teléfono o, simplemente, estaba enloquecida por el dolor de su perdida. Y cuando dijo mi nombre, pensé que me había confundido. No pensé que fuera la madre de Madeleine, y que fuera ese cuerpo tan deseado el que descansara en un féretro económico, con rebaja. Pensar que sólo fue ayer, y que hoy todo está boca abajo, con los cordones de los zapatos mal anudados y ella muerta. Y pensar que yo esperaba su regreso.
Now it looks as though they're here to stay
Oh, I believe
In yesterday
Ni siquiera creí que fuera ella cuando la miré. Parecía tan distinta, con el cabello corto, los lentes puestos y el bigote descuidado. Pero los ojos, abiertos y mirando al cielo, eran los mismos que me reclamaban por mi andar cabizbajo. Y, como una ola después de su retroceso temporal hacia el mar, todo volvió.
Creo que me caí. Sí, de seguro me caí. Recuerdo haber estado de rodillas frente a ella, llorando. Por ella, por su muerte, por ser hombre ella y ser hombre yo. Porque no la seguí y ahora ella se iba a la tierra, a enterrarse y dormir y no en cama de seda.
No me quedé, por supuesto. Fui a la tienda y compré un disco de The Beatles. Cualquiera, no me fijé. Lo compré en honor a ella y a mí, y todo lo que cantábamos juntos cuando la lluvia ni siquiera se insinuaba en el rosado cielo estival. Rosado como ella, como sus vestidos y sus mejillas y la sangre de sus labios cuando se los mordía yo. Sólo yo.
Suddenly
I'm not half the man I used to be
Me miré al espejo mientras se reproducía el disco. Canas, un traje de etiqueta y el cabello cortado según la imagen de la empresa. Un ejecutivo, habría dicho ella con una mueca de desprecio y tres parpadeos sugerentes. Sácate esa imagen de corporativo y muéstrame el rebelde apasionado que hay debajo de la camisa, agregaría luego, mirando mis pantalones. Porque esa era mi Madeleine, mi ninfómana y masculina fémina con el vestido puesto, tan hombre como yo cuando se quitaba las medias. Tan rígida como yo cuando se quitaba los zapatos y sujetaba las sábanas de seda. Blancas, por supuesto.
Me miré de nuevo antes de ponerle repetir a la canción. Yesterday. Era justo lo que ella odiaba, ya no un hippie convencido. Un ejecutivo. Un empresario amigo del capitalismo. Enemigo del comunismo. Y adorador de papeles verdes en lugar de hojas verdes. Cambié de religión, y me dieron las de perder.
A ella le daría pena. A mi me habría dado rabia. Hoy, me da costumbre. Y cansancio. Y ganas de escuchar The Beatles hasta pensar que de nuevo soy un hippie.
There's a shadow hanging over me
Oh, yesterday
Came suddenly
Mientras me tomaba la cerveza junto a la radio y golpeaba mis rodillas con las palmas de mis manos, lo recordé. Se me había borrado como una palabra mal escrita en un trabajo escolar alcanzada por corrector, el día en que la conocí. Bar gay, el primero al que iba. Creo que lo llamaban Blue Velvet. Y ella se había acercado con su contoneo alegre y una copa de martini. Tres copas para mí y ya estaba borracho con ella en la cama. Con su vestido en el piso y mi boca subiendo y bajando hasta donde sus gritos se volvían más intensos.
Ella no debería haberse muerto. Ni siquiera sé como fue, quizás por una bala perdida. O un virus perdido transmitido por la cruel mano del destino. Y pensar que yo quería que volviera. Demasiado repentina, su muerte. 36 años y algo. Y muerta. En la tierra con un féretro barato sirviéndole de lecho. A ella, que compartió conmigo camas del Hilton. A ella, que las sábanas de seda en los dientes le quedaban tan bien.
Why she
Had to go I don't know
She wouldn't say
Pensé que quizás me había dejado algo. Una foto, una carta, un algo. Un disco de The Beatles, tal vez. Pero algo que me trajera su aroma de vuelta. Pero nada, nada de nada. Lady Madeleine, travesti reconocida en los mejores antros de los barrios bajos capitalinos, se había muerto sin perro que le ladrada. Ni amante que la manoseara. Lady Madeleine, sin depilar y vestida como ejecutivo heterosexual, estaba sola mucho antes de ser acostada en esas maderas en rebaja.
Me pareció verla de nuevo, con el vestido amarillo y el pañuelo de flores despidiéndose de mí. Creo haber gritado, pero no estoy seguro. Y ella se fue, sentada junto a la ventana del último asiento del bus. El único que pasa por donde vivimos.
Pensar que no hablamos esa mañana, que yo daba por sentado que cuando me despertara no la vería despidiéndose en la puerta de nuestro gato embalsamado. Ni siquiera me dijo a mí. Agarró sus vestidos y se fue.
I said
Something wrong now I long
For yesterday
Sí, le grité. Por la ventana del departamento, sin siquiera terminar de vestirme. Le grité que volviera y que estaba siendo tonta. De seguro dije algo más, todo intencionado, por supuesto. Decir que el sueño me jugó en contra sería excusarme, quitarle importancia. Y ahora que Lady Madeleine, mi Lady Madeleine ninfómana y dispuesta a todo, está muerta, me dan ganas de saltar hacia el bus. Sacarla del ataúd y acostarla en una cama de seda. Hacerle lo que quiera sin que me lo pida. Como antes, antes de que se fuera y mucho, mucho antes de que se muriera.
Yesterday
Love was such an easy game to play
Now I need a place to hide away
Oh, I believe
In yesterday
- Brindo por eso, John – dije antes de beberme la copa de una y cambiar la canción.
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1/10. Sí, todas Songfic de The Beatles. ¿Por qué? Bueno, porque me gustan. Porque John Lenon tiene una voz que me acelera el fluir de la sangre y porque, según la gran Irati, Sirius se identifica con él. ¿Cómo no soñar después de eso?
Nao.