martes, 21 de agosto de 2007

Diez singles para Lady Madeleine. (I)

Diez singles para Lady Madeleine.

I

10 de Marzo.

Yesterday

All my troubles seemed so far away

Pensar que cuando pasé frente a la iglesia, ayer, envuelto en mi abrigo negro con las manos en los bolsillos y la mirada en el piso, pensé que nada tenía que ver conmigo. Pensé que Madeleine aún vivía y volvería algún día, antes de que cayera la nieve por tercera vez. Pensé, cuando la mujer salió corriendo de la iglesia y tomó mi brazo, que necesitaba un teléfono o, simplemente, estaba enloquecida por el dolor de su perdida. Y cuando dijo mi nombre, pensé que me había confundido. No pensé que fuera la madre de Madeleine, y que fuera ese cuerpo tan deseado el que descansara en un féretro económico, con rebaja. Pensar que sólo fue ayer, y que hoy todo está boca abajo, con los cordones de los zapatos mal anudados y ella muerta. Y pensar que yo esperaba su regreso.

Now it looks as though they're here to stay
Oh, I believe
In yesterday

Ni siquiera creí que fuera ella cuando la miré. Parecía tan distinta, con el cabello corto, los lentes puestos y el bigote descuidado. Pero los ojos, abiertos y mirando al cielo, eran los mismos que me reclamaban por mi andar cabizbajo. Y, como una ola después de su retroceso temporal hacia el mar, todo volvió.

Creo que me caí. Sí, de seguro me caí. Recuerdo haber estado de rodillas frente a ella, llorando. Por ella, por su muerte, por ser hombre ella y ser hombre yo. Porque no la seguí y ahora ella se iba a la tierra, a enterrarse y dormir y no en cama de seda.

No me quedé, por supuesto. Fui a la tienda y compré un disco de The Beatles. Cualquiera, no me fijé. Lo compré en honor a ella y a mí, y todo lo que cantábamos juntos cuando la lluvia ni siquiera se insinuaba en el rosado cielo estival. Rosado como ella, como sus vestidos y sus mejillas y la sangre de sus labios cuando se los mordía yo. Sólo yo.

Suddenly
I'm not half the man I used to be

Me miré al espejo mientras se reproducía el disco. Canas, un traje de etiqueta y el cabello cortado según la imagen de la empresa. Un ejecutivo, habría dicho ella con una mueca de desprecio y tres parpadeos sugerentes. Sácate esa imagen de corporativo y muéstrame el rebelde apasionado que hay debajo de la camisa, agregaría luego, mirando mis pantalones. Porque esa era mi Madeleine, mi ninfómana y masculina fémina con el vestido puesto, tan hombre como yo cuando se quitaba las medias. Tan rígida como yo cuando se quitaba los zapatos y sujetaba las sábanas de seda. Blancas, por supuesto.

Me miré de nuevo antes de ponerle repetir a la canción. Yesterday. Era justo lo que ella odiaba, ya no un hippie convencido. Un ejecutivo. Un empresario amigo del capitalismo. Enemigo del comunismo. Y adorador de papeles verdes en lugar de hojas verdes. Cambié de religión, y me dieron las de perder.

A ella le daría pena. A mi me habría dado rabia. Hoy, me da costumbre. Y cansancio. Y ganas de escuchar The Beatles hasta pensar que de nuevo soy un hippie.

There's a shadow hanging over me
Oh, yesterday
Came suddenly

Mientras me tomaba la cerveza junto a la radio y golpeaba mis rodillas con las palmas de mis manos, lo recordé. Se me había borrado como una palabra mal escrita en un trabajo escolar alcanzada por corrector, el día en que la conocí. Bar gay, el primero al que iba. Creo que lo llamaban Blue Velvet. Y ella se había acercado con su contoneo alegre y una copa de martini. Tres copas para mí y ya estaba borracho con ella en la cama. Con su vestido en el piso y mi boca subiendo y bajando hasta donde sus gritos se volvían más intensos.

Ella no debería haberse muerto. Ni siquiera sé como fue, quizás por una bala perdida. O un virus perdido transmitido por la cruel mano del destino. Y pensar que yo quería que volviera. Demasiado repentina, su muerte. 36 años y algo. Y muerta. En la tierra con un féretro barato sirviéndole de lecho. A ella, que compartió conmigo camas del Hilton. A ella, que las sábanas de seda en los dientes le quedaban tan bien.

Why she
Had to go I don't know
She wouldn't say

Pensé que quizás me había dejado algo. Una foto, una carta, un algo. Un disco de The Beatles, tal vez. Pero algo que me trajera su aroma de vuelta. Pero nada, nada de nada. Lady Madeleine, travesti reconocida en los mejores antros de los barrios bajos capitalinos, se había muerto sin perro que le ladrada. Ni amante que la manoseara. Lady Madeleine, sin depilar y vestida como ejecutivo heterosexual, estaba sola mucho antes de ser acostada en esas maderas en rebaja.

Me pareció verla de nuevo, con el vestido amarillo y el pañuelo de flores despidiéndose de mí. Creo haber gritado, pero no estoy seguro. Y ella se fue, sentada junto a la ventana del último asiento del bus. El único que pasa por donde vivimos.

Pensar que no hablamos esa mañana, que yo daba por sentado que cuando me despertara no la vería despidiéndose en la puerta de nuestro gato embalsamado. Ni siquiera me dijo a mí. Agarró sus vestidos y se fue.

I said
Something wrong now I long
For yesterday

Sí, le grité. Por la ventana del departamento, sin siquiera terminar de vestirme. Le grité que volviera y que estaba siendo tonta. De seguro dije algo más, todo intencionado, por supuesto. Decir que el sueño me jugó en contra sería excusarme, quitarle importancia. Y ahora que Lady Madeleine, mi Lady Madeleine ninfómana y dispuesta a todo, está muerta, me dan ganas de saltar hacia el bus. Sacarla del ataúd y acostarla en una cama de seda. Hacerle lo que quiera sin que me lo pida. Como antes, antes de que se fuera y mucho, mucho antes de que se muriera.

Yesterday
Love was such an easy game to play
Now I need a place to hide away
Oh, I believe
In yesterday

- Brindo por eso, John – dije antes de beberme la copa de una y cambiar la canción.


○●○●○●○●


1/10. Sí, todas Songfic de The Beatles. ¿Por qué? Bueno, porque me gustan. Porque John Lenon tiene una voz que me acelera el fluir de la sangre y porque, según la gran Irati, Sirius se identifica con él. ¿Cómo no soñar después de eso?

Nao.

lunes, 6 de agosto de 2007

Café

La reja del edificio pareció quejarse al ser abierta, al igual que la escalera al ser pisoteada por los cansados pies del hombre. Siempre igual. La puerta del departamento, en el último piso y sin ascensor, fue la única que lo recibió amablemente, abriéndose al más leve contacto. Pronto sus pies estaban rozando la alfombra de la sala y su chaqueta se tiraba a dormir la siesta en el sillón blanco junto al ventanal. Junto a otra chaqueta.

Levantó la mirada, súbitamente sorprendido. La puerta no estaba cerrada con llave, y en el sillón descansaba más de una prenda de ropa. Aroma a café en el aire y otro maletín, ni mío ni de él, en la mesa del comedor.

Lo supo sin necesidad de otras pruebas. No se habría dado cuenta más rápido aún si lo viera recostado con sus tatuajes al aire en aquel sillón y al desconocido encima suyo. Un desconocido sin rostro, sin ropa, pero con aroma a café recién preparado.

Quizás fuera por eso que caminó con tanta calma hacia la habitación, donde el ruido los delataba. No preparó una reacción dramática ni un discurso, ni siquiera un llanto y palabras de odio que lanzarle. Ellos habían empezado igual, dos maletines en la mesa y una taza de café que se enfrío, traspasando su calor a otros lugares más abajo del estómago. Pero esa vez hubo llanto, y golpes y recriminaciones. Café sobre la carne, quemando en los lugares sensibles. Y justo como en esa película, en el fin se había puesto a pensar en el principio, muy a su pesar.. No, aún así demasiado cursi.

Abrió un poco la puerta y observó en silencio, incapaz de decidir entre fumarse un último cigarro en ese pasillo o no. Mejor no, demasiado dramático y probablemente demasiado para eso. Eso no era nada, después de todo. Nada más que miles de tazas de café dejadas para ser barro frío.

Ahí estaban los dos, sobre la cama y con las cortinas abiertas. El otro, el desconocido sin rostro, aún tenía la camisa puesta. Él no, por supuesto. Y lo hacían desesperados, pero sin apuros. Lo hace como lo hacía conmigo. Una y otra vez. Adentro y afuera. Arriba y abajo. Con los ojos cerrados y las bocas abiertas. Otra vez y murió en sus piernas, en su interior, como él. Muere como yo, con hambre. Sin café ni cigarros.

Entró, los tres se miraron. Tres es demasiado si no estás interesado. Tomó sus cosas y se fue, sin decir nada. Con los ojos cerrados y la boca abierta, y moviendo los dedos. Adentro y fuera de su bolsillo, masturbándose con la mente. Mejor que mirar y no ser parte.

Y salió a la calle, pero ni la escalera ni la reja se quejaron. Encendió un cigarro y se subió a la micro, camino al metro, a otro paradero, a cualquier parte. Mejor irse que quedarse y no ser parte. Se bajó un poco más allá, entró en la primera puerta y pidió un café. Dejémoslo que se enfríe y veamos que pasa. Es mejor que llorar y no ser parte. No, mejor no. Aún así, demasiado cursi.

Fin.


Primer post del nuevo blog! yay! ^^ bueno, dedicado a Karu-chan, por ser la única que se mete.

Demasiado corto y no tan yaoi como quisiera, pero bueno. Ya me leeré mil fics y escribiré algo digno, que sólo está empezando.

Nao.